Un erizo quería estar más cerca de sus amigos, quería que se preocuparan por el y que lo comprendieran, pero entre más se acercaba a los demás, más los lastimaba.

Cuanto más se intenta acercar un erizo a otro, aún sin importar sus intenciones, hiere y es herido producto de sus espinas. La anterior fábula obedece a una metáfora de cómo la gente se lastima y es lastimada producto de nuestra propia imperfección e incomprensión – Nuestra naturaleza, como las espinas del erizo.
Algo carente del ingenio de Esopo, he decidido extender la fábula de El dilema del erizo un poco más de manera no muy original a El problema del armadillo.

Aunque en la realidad los erizos se las ingenian para acercarse y reproducirse, sino no existirían; podemos imaginar a los erizos que en busca de compañía sufren al igual que las personas, producto de su naturaleza, un encuentro traumático en donde aún con buenas intenciones incluso mutuas resultarán dañados. Bien vale separarse de la fábula pues resumir las relaciones sociales a “pelotas de espinas” chocando, no es en verdad sensato y es menester ampliar el estudio, aún así continuaré haciendo guiños a la fábula durante el desarrollo del escrito. Podríamos pensar un escenario algo más espinoso, erizos en un rosal; lo cuál sería una representación más fiel al ambiente del hombre, las heridas no son solo producto del encuentro con otras personas sino de la propia vida como tal, aunque ambas lastiman al hombre, este no puede lastimar a la vida de igual forma que un erizo no puede lastimar a un rosal.

La metáfora es usada en sicología para explicar el por qué de la aislación, la postura que toma el erizo o el hombre ante la adversidad, prefiriendo huir a fin de no lastimar ni ser lastimado. Los imaginarios erizos en todo caso solo pueden huir e incluso hipotéticamente pueden escapar. El hombre no solo no puede huir pues aún en el fondo de su corazón sabe que lo esta haciendo, tampoco puede escapar porque no tiene a donde ir, no puede abandonar al mundo, a las personas, ni ser inconsciente de que se esfuerza en hacerlo.

Aunque la postura de algunas personas sea la de huir por el temor, son incapaces de llevar a fin su anhelo de huir y conseguir una realidad de escape, siendo aún más frustante pues inevitablemente no pueden abandonar el dilema. La imagen idealizada es la de personajes desadaptados que se aíslan de las personas o del mundo, aveces solo de una de las causas de dolor, aveces de ambas; es una imagen algo cómoda pues no todos llegan a ese punto, y son precisamente los que no lo hacen quienes delimitan la postura de huida a esas personas, ello no quiere decir que ellos tampoco huyan; en general su orgullo no es más que vergüenza ajena por otros que han caído aún mas bajo que ellos, no tienen nada de que estar orgullosos pues ellos también huyen, han caído tanto o más bajo salvo que aparentan estar de pie.

No es solo el personaje “desadaptado” quien huye, sino también quien no encara el asunto, quien lo ignora o se dice para si que no le afecta; aunque no rechaza a las personas si rechaza relaciones serias que puedan llamarse en verdad sociales; estas personas aunque no se aíslan de forma tan evidente como otros, no se aventuran a mediar realmente con otros, piden apoyo incondicional, inventan la lealtad, y limitan todo de forma tal que “las espinas no se acerquen”, se esfuerzan por no comprender ni ser comprendidos pues saben bien lo que ello implica, rehusan la confrontación y prefieren mantener las cosas como son, como están, y como ellos se esforzarán en mantener, en el anhelo mas cobarde por no cambiar ni que les digan que cambien.
Algunos se aíslan de la realidad, más de los que se piensa, pues de nuevo los supuestos que han vencido al dilema solo están huyendo y aparentan que lo han podido afrontar, no niegan rotundamente la realidad pero solo la aceptan hasta que se “acercan a sus espinas”, se burlan de quien esta aturdido ante la existencia, saturan sus vida de crisis económicas y tratan con desdén las llamadas crisis existenciales -o las afrontan por originalidad y no por un franco inconformismo-, dicen superarlas inventando falsas filosofías o tratando al dilema como si se tratase de una adivinanza, tales personajes creen haber comprendido cuando solo se han resignado a no buscar respuestas ni encarar las dudas; quien vive preocupado y maravillado para ellos es un tonto que sigue sin entender lo que según ellos “había que entender”, algún falso discurso poético que les anima, en donde las verdaderas palabras, las sensatas, solo nos descorazonarían.

Es complicado señalar con atino la huida al dilema, más usual de lo que creemos, pues es en verdad amplia y bastante elástica cediendo a los límites de cada persona: el creyente es capaz de vivir rechazando el pecado pero es incapaz de hacerlo si cuestiona a dios, el ateo es capaz de vivir negando a dios sin embargo no aceptará que su filosofía hedonista es incapaz de trascender, el agnóstico es capaz de vivir negando su capacidad para decir palabra sobre dios pero es incapaz de juzgar con criterio… el punto en donde huimos puede ser bastante elástico y no solo es un punto sino varios en donde se termina por adoptar la resignación, no es solo la duda teológica, también lo es la antropológica, la epistemológica, la ética, etc. las dudas que nos atormentan, y el cuestionamiento social como la responsabilidad que nos agobia.

En lo que respecta a huir se puede puntualizar y ampliar bastante más, aunque se pueda aclarar un poco más, es una tarea ardua y no vale la pena extenderse pues de por sí el problema no es de argumentación sino de aceptación, una puntualización mas juiciosa podría incluso desencadenar en la total negación en vez de traer convencimiento. Es deber de cada persona preguntarse si en verdad se engaña y cuanto huye de lo espinoso en vez de hacerle frente. Aveces no se huye del problema, o si es una huida, por lo peculiar, bien vale darle otro nombre: El problema del armadillo.

Lo que no mata, fortalece.
Friedrich Nietzsche

Lo anterior es algo fácilmente malinterpretable, el problema del armadillo es una postura que podría tomar un erizo ante su dilema, en todo caso aunque los erizos resulten heridos y las personas también, las heridas no les cuestan la vida, y al igual que el miedo a lastimar y ser lastimados los lleva a huir, el coraje puede llevarlos a tomar una postura no muy sana: Confundir fortaleza con dureza.

Un armadillo ante las espinas de los erizos y el rosal, opta por hacerle frente con una coraza; de igual forma, en contrapartida a la adversidad del mundo y las personas, el hombre se vuelve reacio, ante las heridas no se fortalece y solo se endurece, es un verdadero problema pues no resuelve nada y ni siquiera es viable. Aunque un armadillo puede hacer frente a las espinas de los erizos y el rosal; ¿Puede una persona ser aún mas fuerte que la indiferencia del mundo y el temerario odio del hombre?, pensar que si es una valentía ciega ante la verdad y no podrá tener mejores resultados que la huida más cobarde… aún en la obstinación de pensar que si, que es posible ser aún mas fuerte que la indiferente vida y ser aún mas reacio que el irracional odio del hombre; ¿Es en verdad sensato todo ello?, retomando la fábula: ¿Qué gana el armadillo con privarse de acercarse a las rosas y conocer a los erizos?, aunque el armadillo salga bien librado del espinoso laberinto, lo hace a costa de no poder sentir las rosas o la húmeda nariz de un erizo, en la búsqueda de invulnerabilidad se salva de la imperfección del mundo y de otros, pero a su vez cierra toda posibilidad de superar su propia imperfección, el armadillo más fuerte pierde la posibilidad de sentir y se asemeja a una roca, invulnerable al mundo… aún a lo más bello de este.

El hombre que ante cada nueva herida se reafirma en endurecerse, se olvida de sorprender y se esfuerza en intimidar, se niega la oportunidad de que el mundo lo maraville y se concentra en evitar el desconcierto aún a costa de acabar con el descubrimiento, busca ser imperturbable aún a las mas gratas sorpresas, impide a las personas entrar a su corazón y las despide aún antes de que se vallan. Víctima de las heridas cree ganar fortaleza cuando solo esta acumulando dureza, la fortaleza nunca significo invulnerabilidad ni independencia, y aunque ello también sean signos de debilidad, lo que en verdad son es seña es de la carencia de equilibrio, signo del desplazamiento, puede ser ascendencia, descendencia o simple desorden. Algo invulnerable e independiente es algo afianzado, que no cambia y no se esfuerza en hacerlo, puede serlo una roca o incluso dios; si algo es claro es que un hombre estancado no es ninguna clase de divinidad, si la imperfección decide concluir solo hallará una infinita incompletitud, nunca por el mero hecho de decidir acabar las cosas se completarán ni los deseos se satisfarán.

Es mejor morir que odiar o temer, y mejor morir dos veces que provocar odio o temor.
Friedrich Nietzsche

Ante la dureza de la vida, se ha forjado una idea de que la fortaleza es dureza y no dulzura, creyendo incluso que hay que salir avante de la vida de forma invicta, ¡Qué manera más fácil de salir invicto que no luchar ninguna batalla!. Es difícil ver el alcance de la distorsión de la dureza que se hace pasar por fortaleza, se piensa que debil es quién necesita ayuda, y se confunde la dureza de quién se rehusa en pedir ayuda, con la fortaleza de quién es capaz de pedir ayuda y seguir ayudando en este ingrato mundo, de aquel que se sostiene aún cuando se encuentra solitario cuando busca una mano y sólo encuentra puños. (Ralph Bunche)

Está mal. Ni siquiera deberíamos estar aquí. Pero aquí estamos. Es como en las grandes historias, Sr. Frodo. Las verdaderamente importantes. Siempre estaban llenas de oscuridad y peligro, y aveces uno no quería saber el final… porque, ¿Cómo podía ser un final feliz?

… La gente en esas historias tenía muchas oportunidades para volverse atrás, pero no lo hacía. Seguía adelante porque se estaba aferrando a algo.

El señor de los anillos.

La fortaleza en verdad no consiste en afrontar un final triste y resistir a él con dureza, sino en aferrarse a la esperanza de que el final feliz existe, luchar por el y no desfallecer… ni en volver atrás ni en crear un fuerte que nos impida ir adelante. La fortaleza, la verdadera, tal vez sea la mas expuesta de todas las posturas, las más vulnerable, pues es en verdad la única que afronta el problema. Para concluir la fábula, tal vez sea un animal sin representación en la naturaleza, uno que se anime en recorrer el jardín aún a costa de ser herido por las espinas, la fortaleza sería entonces el animal que indefenso ante las espinas las soporta porque tiene esperanzas en que no todo son espinas, y es que en verdad no todo lo es.

Las esperanzas tal vez sean ingenuas, sin embargo siempre existirá la confianza en lograr algún cometido y no habrá mas desesperanza. La fortaleza es algo más semejante al temple y al coraje de un guerrero desvalido, que a la dureza de un castillo al margen de una guerra. Aún el guerrero desvalido puede valerse de las mejores armas, puede ser un mago quien cabalgue a la guerra con poderosos hechizos y magia, sin embargo siempre será mas vulnerable que la dura roca de un castillo al margen. El guerrero puede ser derrotado y por ello se cree que eso no es fortaleza, que el ingenuo temple de afrontar al mundo y dar una oportunidad a las personas, son solo debilidad… solo un ilusión a quienes pretende la dureza como una victoria sin batalla.

Nos equivocamos a menudo en el amor, a menudo herido, a menudo infeliz, pero soy yo quien vivió, y no un ser ficticio, creado por mi orgullo.
George Sand

-> El Dilema del Erizo fue creado por el filósofo alemán Arthur Schopenhauer (1788-1866) quién usó la fábula que él había creado como una metáfora para sus teorías en las relaciones interpersonales. Freud adoptaría la fábula después que se volvió una figura de discurso en la sicología.

-> “Me encuentro solitario cuando busco una mano y sólo encuentro puños”. Cita original de Ralph Burke.

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